China y el bagazo venezolano

De acuerdo con los diccionarios digitales, un bagazo es un residuo fibroso que se obtiene al triturar y comprimir la caña de azúcar en los molinos para extraerle el jugo. Lo que queda de la caña tiene muy poca utilización y se usa como combustible en las centrales productoras de azúcar. De resto, sirve para bien poco, apenas como materia prima de aglomerados de madera o como aislante de sonido. A ello se asemeja la Venezuela de hoy: a un residuo útil para casi nada, de exiguo valor económico.

China se enfrenta hoy a tratar con un país que no es más que un bagazo. Hace pocas semanas la publicación china en inglés Global Times Tuesday daba cuenta, en un artículo con la rúbrica de Zhang Ye, de la desconfianza que la debacle económica venezolana ha estado provocando en el medio empresarial chino que, hasta este año, había emprendido actividades mercantiles en Venezuela. Las razones son simples: la estagnación de la economía está impidiendo el desarrollo de los contratos y de las inversiones mixtas emprendidas principalmente en obras públicas y energía.

Muchos de los proyectos no solo se han paralizado –dice el artículo–  sino que también están incumpliendo los compromisos de pagos a los proveedores chinos, llegando hasta a ocasionar quiebras en empresas de mediana talla. El régimen cambiario insincero y restrictivo imperante, además, únicamente ha servido para hacer más impracticables los negocios. El corolario ha sido la retirada de las empresas chinas, manteniendo dentro de su geografía el personal indispensable para ejercer la gestión de cobro. El hermetismo del lado venezolano y del lado chino no permite medir en toda su extensión la magnitud de estos daños, pero la realidad es que la relación de negocios ha entrado en una etapa de congelación.

A nivel de los gobiernos algo similar se está produciendo, a pesar de que existe algún nivel de sintonía en los modelos que ambos países manejan y una gran tolerancia china frente a los incumplimientos oficiales y a la debacle económica. Venezuela ha sido un enclave estratégico para Pekín mantenido por razones políticas, pero el alto costo del fracaso de muchas operaciones signadas con incompetencia o con corrupción ha llevado a los gobernantes chinos a poner sus barbas en remojo. El Banco Chino de Desarrollo ha provisto préstamos por 62,2 billones de dólares, más que todo lo asignado al resto de los países latinoamericanos. El Fondo Monetario Internacional ha anticipado que  este año el PIB de Venezuela se ubicará 35% por debajo de los niveles de 2013, o en 40% en términos per cápita. Se trata del país más endeudado del mundo y su inflación superará 720%. Las acreencias chinas caerán fácilmente en la categoría de los “impagables”.

Hasta hace poco, el retroceso económico venezolano era simplistamente atribuido por la oficialidad venezolana a la caída internacional de los precios petroleros y a una componenda intervencionista fraguada desde Estados Unidos. Hoy, hasta en Pekín tienen evidencia de que la corrupción, el desorden y la aplicación de un modelo equivocado cuentan por mucho en el caos venezolano.

Al destrozo económico, que le ha exprimido a un país petrolero el jugo para dejarlo en el bagazo, se ha sumado la inestabilidad social y lo que se ve en el panorama cercano es el aislamiento internacional del país también en el terreno de los negocios.

¿Va a mantener China su pica en Flandes? ¿O le tocará a Pekín sumarse a larga lista de sus empresarios que tratan hoy de salvar del ahogado el sombrero, aspirando apenas a cobrar parte de sus acreencias?

Amanecerá y veremos.

Fuente: El Nacional.

Redaccion: Beatriz De Majo.

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