“Para lograr victoria la angustia tiene que ser superada por firmeza”

Gustavo Tovar-Arroyo

¿Prisioneros y esclavos?

Esta quizá sea la entrega más delicada que haya escrito en mi vida, la escribo angustiado, muy angustiado. Debo pensar cada palabra, medir cada sentimiento, alzar la mirada, cerrar los ojos, respirar profundo, profundísimo, y escribir…, manchar mi pluma en el tintero de mi alma venezolana, reflexionar mientras humedezco mis ideas, mientras las aireo, y escribir…, escribir con angustia pero firmeza.

No sé si todos los venezolanos sean conscientes de los aterradores días que se aproximan, no sé tampoco si han figurado la maldad criminal que el chavismo –asesino de niños– impone con sus balas y sus tanques a nuestro tiempo histórico, no sé si estemos dispuestos a mantener la disciplina no violenta y la resistencia pacífica (urjo a que las mantengamos), solo sé que si no los enfrentamos y vencemos, Venezuela no solo será un tristísimo charco de sangre, sino además algo mucho, muchísimo peor, será una ruin cárcel atiborrada de prisioneros y esclavos.

Paz sin libertad es esclavitud, ¿seremos esclavos?

El grito es ¡unidad!

He leído y escuchado no sin estupor la ferocidad con que algunos sectores de oposición se aferran a atacar a la Mesa de la Unidad Democrática y a los miembros de la Asamblea Nacional en estos días tan complejos y críticos. Creo que esos sectores no tienen la más remota idea del penoso conflicto político que se avecina la semana que viene y actúan con una indolencia y una frivolidad desconcertantes.

Llevamos años urgiendo un cambio de actitud en la estrategia opositora, más desafiante, menos electorera y sumisa, y ahora que lo urgido está sucediendo: movilización, nombramiento de nuevos poderes públicos, protestas en las calles, cometemos la escandalosa ingenuidad de criticarlos por razones a un tiempo vanas y mezquinas. ¡Basta, por Dios, basta!

El grito es ¡unidad!

Aparece y desaparece, asesinando

Hugo Chávez mostró su jeta abominable en la historia de Venezuela el fatídico el 4 de febrero de 1992 asesinando despiadadamente a centenares de venezolanos inocentes (no gringos, ni españoles ni canarios, venezolanos). Paradójicamente, su chavismo desaparece haciendo exactamente lo mismo: asesinando venezolanos y con especial maldición a los niños héroes de la libertad.

Nuestros líderes políticos (diputados, activistas, voluntarios) han sido encarcelados, torturados, heridos de muerte y hasta asesinados, y seguimos exigiéndoles muestras de valor y coraje. ¿En serio? ¿Después de las criminales coñazas que han recibido en las calles o en la AN? ¿Las desgarraduras o el pavoroso maltrato que padeció Lilian no cuentan?

La banalidad no puede seguir exigiendo exceso de sangre como prueba de valor o dignidad.

Los libertadores y su mayoría

El liderazgo opositor –incluyo a Henry Ramos Allup, quien heroicamente le cayó a patadas a los símbolos del chavismo– de Julio Borges y Freddy Guevara (partidos antagónicos), de los diputados, de Capriles y López, de Ocariz y Smolansky, de Lilian y de María Corina, unidos al coraje memorable de los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (los legítimos), a la fuerza espiritual y convicción de los estudiantes y del pueblo, unidos, nos han traído hasta aquí, si no nos mantenemos unidos será muy difícil alcanzar la añorada libertad.

Entiendo la frustración, la indignación y el hastío, la incredulidad y la duda, son demasiados años de yerros y desaciertos, demasiados años de sumisión y blandura, comparto las rabias de todos, las vivo, las sufro, las he vociferado; pero enfrentamos el más empinado desafío de nuestras vidas en las próximas horas. Si la solidaridad y unión no son inquebrantables, no habrá manera de salir de la –esa sí– inquebrantable maldad chavista.

El chavismo, esa minoría asesina, se juega el todo por el todo para conservar su dictadura narcotraficante; nosotros, la mayoría demócrata: los libertadores, también. Para arrinconarlos y derrotarlos debemos articular un multitudinario y total esfuerzo común. Que no haya duda.

La fuerza fue y será la unión.

¿Libertad o esclavitud?

Soy enemigo de las alucinaciones y de los espejismos, cuando en el año 2002 levantamos la voz para advertir que con el chavismo enfrentábamos a una dictadura criminal como jamás habíamos conocido en Venezuela o América Latina, no improvisábamos ni especulábamos, hablábamos desde el conocimiento y la conciencia, sabíamos que un holocausto caribeño vendría seguro.

Bueno, ya llegamos a él y por segunda vez en esta larga historia de cinismo y perversión, de criminalidad y narcotráfico, de esta tiranía que devino el chavismo, la estamos enfrentando con la bravura que le dio gloria a nuestro pueblo, que nos hizo insignes frente al mundo, no nos distraigamos en banalidades ni mezquindades, superemos resentimientos y rencillas, que todas las fuerzas vivas de nuestra extraordinaria nación se unan para librar la batalla moral más importante de todos nuestros siglos, la batalla contra lo peor de nosotros mismos, la batalla contra la miseria y el rencor, la batalla contra la peste chavista.

Cuando el terror se apodere de las calles, cuando las fuerzas abominables del chavismo muestren otra vez su jeta asesina, entenderán mi angustia y mi grito de ¡unidad!, pero entenderán algo mucho más vital y dramático: nuestra ineludible urgencia de salir vencedores. No podemos fallar, simplemente no podemos.

Para lograr la victoria la angustia tiene que ser superada por nuestra firmeza y la firmeza venezolana es harto conocida, gracias a ella hoy llevamos el orgulloso gentilicio de ser venezolanos.

Ejército de Venezuela, los necesitamos.

¡Unámonos!

Texto publicado originalmente en El Nacional.